sábado, 25 de julio de 2026

A temas más peludos

 


Después de contar acerca de algunas vivencias con mis perritos, y de contar que en la casa en la que crecí “penaban”, voy a contar una de las tantas experiencias que viví allí. Una más peluda que mis perros. Al menos así lo viví yo.

Yo debo haber tenido unos doce años, porque mi hermano menor estaba recién nacido. Mis tres hermanos mayores y mi tía fueron a una fiesta, así es que me tuve que acostar sola esa noche.

Para ponerlos en contexto, mi casa era larga, la pieza de mis papás estaba al principio y las piezas de nosotros estaban al fondo. Yo dormía con mi hermana y mi tía (la misma de la historia anterior) en una pieza y mis dos hermanos dormían en la otra pieza.

Bueno, esa noche, me acosté sola, porque los grandes habían salido.

Como siempre, en esa época, me puse a leer, pero cuando empecé a sentir una sensación en mi “guata” (estómago) de miedo, de que algo se venía (cosa que siempre que la sentía pasaba algo malo), tomé la Biblia y me puse a leerla. A esto deben haber sido no más de las diez de la noche. No pasó mucho rato después de que abrí la Biblia, cuando vi “pasar” una luz, era extraña, como brillante-mate, luego otra, y después otra. Y otra. Y muchas.  Si han visto la serie brasileña Moisés y los diez mandamientos, fue algo parecido al ángel de la muerte de los primogénitos. Era muy similar.

Esas “luces” se movían encima de mí, de un lado a otro. Yo solté la Biblia y cuando me bajé de la cama, una de esas luces me agarró del pelo, no me lo tiró, fue como si me lo hubiese tomado…

Intenté correr, pero otra luz me agarró la pierna y me botó. Por suerte, mi pieza no tenía puerta, porque estoy segura de que no habría podido salir. Seguí intentando escapar, pero cada vez que avanzaba (en el suelo porque no me dejaban pararme), me tiraban hacia atrás. Y daba dos braceadas hacia adelante, y me tiraban de los pies hacia atrás.

Yo no podía gritar, era como que la voz no me salía. Y el pasillo se hacía largo. Oscuro. Tenebroso.

Luché por mucho tiempo para llegar a la pieza de mis papás.

Hasta que lo logré.

Ellos tampoco tenían puerta, tenían una cortina en la puerta. Y, cuando la agarré, yo tirada en el suelo, todo cobró vida. Las “luces” desaparecieron. Mis papás se despertaron y prendieron una lámpara. Yo estaba llorando. Miré la hora en el reloj despertador que tenían. Las tres y media de la mañana.

Mi mamá me hizo acostar en la cuna de mi hermano, que lo hizo acostar al lado de ella. Me dijeron que solo había sido una pesadilla, que no pasaba nada, pero yo sabía que no.

Hasta el día de hoy estoy segura de que no lo soñé, porque me había acostado recién y estaba leyendo.

¿Qué fue? ¿Qué eran esas luces? ¿Qué querían? No tengo idea. Nunca lo supe y creo que esa fue una de las que más experiencias que más me marcó, porque luché por horas para avanzar solo diez metros… Y no me creyeron.

Después de eso tuve encuentros extraños con otros seres, que, en mi niñez y sin internet para investigar, tuve que aceptar lo que me decían que eran. Uno, que ni yo me lo creo. Peleé, discutí, con la Muerte toda una noche.

Pero eso, es para otra ocasión.

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