miércoles, 15 de julio de 2026

Sigo con los perritos

Iba a seguir en orden, pero me decidí a seguir con los perritos que tuve en mi vida. Con las mascotas en realidad.

Mi primer perro, al menos del que tengo recuerdos, fue Titán, un perro amarillo grande, parecía caballo. Yo lo veía grande, tenía poco más de diez años cuando se fue. Con él tuve una de mis tantas experiencias sobrenaturales.

La casa en la que me crie era especial, allí pasaban muchas cosas inexplicables, a nadie le gustaba quedarse solo ahí.

Una tarde, estaba mi tía, Jacqueline (que es como mi hermana mayor) y yo con el Titán. Nos sentamos a la entrada de la puerta del comedor que daba a un patio lateral. Ella se estaba maquillando y yo la miraba mientras escuchábamos música. De repente, el Titán se levantó, paró las orejas y se fue al fondo del patio a ladrar a la última pieza (que era el lugar más “macabro”). La cosa es que dejó de ladrar y llegó llorando a nuestro lado. Al ratito volvió a hacer lo mismo; se fue a ladrar a la pieza del fondo y de allá volvió llorando, buscando protección. Entonces, nosotras, muy valientes, nos paramos… y salimos a la calle.

La casa tenía un portón de madera que dividía el antejardín del patio, y después venía la reja de calle. Nosotras nos quedamos entre la reja y el portón por casi una hora. Hasta que ya vimos que el perro no volvía a ladrar a la pieza.

Cuando íbamos a cerrar el portón, escuchamos la voz de mi hermana que nos dijo: “Y me van a dejar afuera?”. Con la Jacque nos miramos y abrimos ella abrió el portón, sorprendidas porque no habíamos visto que viniera, se suponía que andaba estudiando con una compañera y no llegaría sino hasta las seis, y eran casi las cinco. Cuando nos asomamos, no había nadie. Nos encogimos de hombros y mi tía volvió a cerrar el portón. Y la voz de la Loren: “¿Me van a dejar afuera? Que son paleteadas”. Abrimos y no había nadie. Miramos por si se había escondido detrás de un árbol, de algún murito, cosa casi imposible, pero pensamos que nos estaba haciendo una broma. En esto, el Titán estaba llora que llora. Volvimos a entrar, cerramos el portón y otra vez: “Ya, son paleteadas, me van a dejar afuera”.

Ahí salimos y nos quedamos en la calle hasta que llegaron mis papás. Ellos dijeron que había sido nuestra imaginación, nada más. Pero nosotras sabemos lo que escuchamos.

A todo esto, mi hermana llegó a las seis, como había dicho, y dijo que no había andado por ahí en toda la tarde.

El Titán murió poco después de eso.

Después llegó el Skipy, no duró mucho, era un poodle que poco después de llegar lo robaron. Nunca lo pudimos recuperar.

Después vino el Nicky. Ese perrito era especial. Era chiquito. Su mamá era pequeñita, su papá era grandote, pero se amaban, papá y mamá siempre estuvieron juntos y tuvieron varias camadas. Él siempre esperaba como si fuera un papá humano, cuando ella estaba de parto. El Nicky nació en su último parto. Siempre tenía perros chiquitos, pero esa vez, le nació uno grande como el papá, así es que tuvieron que hacerle cesárea y aprovecharon de esterilizarla para que no volviera a tener problemas. Nicky era el más pequeño de todos sus hermanos y mi familia me dijo que ese perrito no sobreviviría. Y pues sí lo hizo.

Le dio distemper, el veterinario no le dio vida, pero de todas maneras le inyectó la medicina. Si sobrevivía esa noche, podía darse por sanado. Fue atropellado por una micro y caminaba con las dos patitas de adelante, hasta que se curó y pudo volver a caminar. Peleaba con cualquiera que quisiera hacerme algo y siempre ganaba. Era mi fiel compañero.

Cuando tenía unos siete años con nosotros, nos fuimos a vivir de Santiago a Antofagasta. Él se iba a quedar con mi hermano en su casa. Pero el Nicky se arrancaba y se quedaba a la entrada de la casa. Hasta que mi papá lo mandó a buscar. Lo mandaron en avión. Dice mi hermano que camino al aeropuerto, el Nicky lloraba con lágrimas. Tal vez pensaba que iban a botarlo.

Llegó a Antofagasta y se puso feliz, aunque apenas tenía ánimos para mover su colita. Esa misma noche falleció. Al parecer de depresión.

Esos fueron los perritos que tuve de soltera. Después contaré los perritos que tuve de casada.

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