Como mencioné en mi post anterior, voy a hablar de ese extraño encuentro con “la muerte”. Yo tenía alrededor de 13 años. Por alguna razón que no me acuerdo, también estaba sola (seguro mis hermanos andaban en otra fiesta). Pero en aquella ocasión, no me dormí en la pieza de las mujeres, me acosté en la pieza de mis hermanos, que tenía ventana y era un poco más amplia.
Me fui a “acostar” temprano, pero solo me senté en la cama
con una radio para escuchar música y me puse a escribir.
No pasó nada de tiempo, cuando todo se puso negro. Un negro
extraño. Por un momento, pensé que se había cortado la luz. Me iba a levantar
cuando vi a un personaje parado a los pies de la cama. Estaba vestido de negro
y rojo. No eran harapos, pero era ropa que colgaba.
―Hola ―me dijo con un tono burlón.
A pesar de que yo sabía que no era un ser humano, porque
habría sido imposible que entrara sin ser visto, por la forma en la que iba
vestido, su estatura y su voz extraña, no me dio miedo.
Me quedé ahí, mirándolo.
―Hola ―volvió a decir.
―Hola. ¿Quién eres?
―La Muerte.
―La muerte ―repetí sin creer―. ¿Qué quieres?
―No me temes.
―Sí.
―Pues yo creo que no.
―Si me quisieras hacer algo, lo habrías hecho.
No dijo nada.
―¿Qué quieres?
―Hablar contigo.
―Yo no quiero hablar.
―No pregunté.
―Entonces habla.
Sinceramente, no sé de dónde salí tan valiente. Por alguna
razón, me puse de mal humor, estaba enojada. Después de varias experiencias,
todas de noche que no me dejaban dormir y de que nadie me creyera, aunque yo
sabía que no era la única que tenía experiencias paranormales en esa casa y en
la población, me tenía aburrida.
―Ya no te asustamos.
―Me han asustado mucho.
―Pero ya no.
―No.
―Te puedo llevar conmigo.
―Llévame.
―¿No tienes miedo a morir?
―No. Morir es morir. Morir es fácil.
―Vamos.
De algún modo, aparecimos en el techo de mi casa.
―¿Dónde vamos?
―A pasear. ¿No le temes al infierno?
―¿Cuál infierno?
―¿Crees que te vas a ir al Cielo?
―No sé. Ni siquiera sé si existe eso.
―Existo yo. Y ellos.
De la nada, aparecieron unos bichos extraños, después supe
que se llamaban gárgolas, algunas volaban, otras caminaban por los techos.
Pasaban por nuestro lado, pero parecía que no nos veían. O si lo hacían, no le
llamábamos la atención.
―A lo mejor eres solo una ilusión. Estoy soñando. Esto no
puede ser verdad.
―¿Crees que estás soñando? ―Me tomó de la mano saltamos al
techo de mi vecina. Un salto largo, de al menos cuatro metros.
―Eso van a decir mis papás mañana ―respondí cuando llegamos
al otro techo, con el corazón como un tambor.
―Pero tú sabes que no.
Volamos al otro techo. Y así avanzamos, casi volando por
varias casas. Las gárgolas seguían corriendo y volando y, abajo, aparecieron
unos enanos, feos y gordos, bueno, se veían feos desde arriba.
Nos detuvimos en el techo de un liceo que había en la esquina
de mi casa.
―Mientras no les muestren a ellos, no me van a creer. Van a
seguir diciendo que es solo un sueño. Ya ni quiero decir nada, me van a tratar
de loca.
―Ellos también han visto.
―No creo.
―No es necesario que creas.
―Pero ellos no me dicen.
―No quieren decirte.
―¿Y por qué yo? ¿Por qué vienes
aquí, por qué me siguen molestando?
―No te creas tan especial, no es
por ti.
―¿Entonces?
―Es el lugar.
―Ah, bueno, entonces anda a
molestar a otro y a mí déjenme dormir.
―Es que solo que tú estás
disponible. Sola y con esa oscuridad dentro de ti.
―¿Oscuridad? ¿Soy mala?
―Sigues creyéndote importante.
―Tú me estás diciendo que tengo esa
oscuridad dentro de mí. Y sola. Hay mucha gente sola en este pasaje y en esta
población.
―La oscuridad no es por ti. Hay una
lucha en tu interior. La oscuridad, herencia de tu abuela paterna y la luz,
herencia de tus abuelos maternos.
―Ah, ya, claro.
―Solo tú eres la que puedes decidir
quién gana.
―¿Ahora sí soy yo?
Asintió con la cabeza antes de subir,
desde donde podía ver gran parte de las casas y pasajes, llenos de esas
criaturas horroríficas. Un vecino pasó caminando hacia su casa, iba medio borracho,
se apretó la chaqueta como si le hubiera dado frío, de repente, una gárgola se
le paró delante, no sé si habló con él o qué, pero un par de minutos después
desapareció. Él vecino corrió y se apoyó en un árbol frente a mi casa. Parecía
que lloraba.
Volando, la muerte me llevó de
vuelta al techo de mi casa.
―Si me vas a llevar, llévame ―desafié
a pesar del terror, mientras veía al vecino arrodillarse aferrado al árbol, con
los enanos a su alrededor haciendo fiesta.
―No vengo a buscarte.
―¿Entonces?
―Quería verte para saber quién va a
ganar.
―¿Y?
No puedo estar segura, pero creo
que esbozó una sonrisa.
Me abrazó, lo sentí extraño, como
si una ráfaga de viento me hubiese atrapado.
Volví a la cama. Con frío. Sentada
como antes.
―¿Y? ―repetí la pregunta.
―No sé. Creo que tendré que esperar
al día que te vuelva a ver.
―Entonces ándate y déjame dormir. Ya
debe ser tarde.
Su risa fue molesta, típica risa
malvada.
―Qué dramática tu risa, parece de teleserie.
―Te veo en el futuro.
―¿Qué hay en mi futuro? ―Al parecer
no entendí lo que me quiso decir, ahora que lo escribo, me doy cuenta de que me
estaba anunciando que nos veríamos de nuevo. Je. Yo creí que me hablaba de esa
supuesta guerra interior.
Negó con la cabeza sin decir nada.
Desapareció.
Se fue la negrura.
Estaba amaneciendo.
Otra noche sin dormir.
No le conté a nadie.
Una cosa fue diferente aquel día, muchos
vecinos, no solo del pasaje, si no de la población, se quejaron de los ruidos
molestos, como si alguien hubiese andado en sus techos, algunos pensaron que
andaba algún ladrón, pero era imposible.
El vecino que vi abajo, según me
enteré días después, venía borracho, según él, vio un fantasma. Dijo que se le
había pasado la borrachera, pero no fue capaz de moverse. Lo habían encontrado abajo
del árbol y todos dijeron que había llegado tan tomado que no fue capaz de
llegar a su casa, que estaba a dos casas. Nunca más volvió a tomar.
¿Yo sabía la verdad?
Debo decir que esa población sufría
de encuentros paranormales, incluso salimos en la televisión por eso,
Chilevisión hizo un reportaje hace años, aunque varias semanas no pudieron
presentarlo por diferentes “problemas” técnicos.
¿Alguien no quería que saliera a la
luz pública?