viernes, 21 de agosto de 2026

El exorcismo en la Juanita Aguirre

 


Después de pasar un poco de susto por las intensas lluvias en mi ciudad, ubicada en el desierto más árido del mundo, vuelvo aquí.

Para los que no saben, llovió casi toda una semana, 3 a 4 mm por día, hasta el peor día en el que llovió aproximadamente 15 mm, en algunos lugares de la región incluso llegó a llover más de 25mm; hubo aluviones, deslizamientos de tierra y cortes de camino. Para que se hagan una idea de la dimensión, porque así no parece tanto, al año aquí llueve entre 0,5mm y 1,5 mm, o sea, llovió en unas horas, lo que llueve como en 10 años. La tierra no está preparada para eso, no es una tierra que absorba el agua, menos agua dulce, porque más encima somos una ciudad costera, donde todo es sal. Pero, al menos, no hay mayores desgracias que lamentar, se hizo todo para que tuviera el menos impacto posible.

Bueno, pasemos a lo nuestro.

La vez pasada les conté acerca de algunas cosas que viví en la población donde viví, la Juanita Aguirre. Por muchos años, se hablaban de cosas paranormales sucedidas allí, visiones de seres extraños, molestosos espíritus que a veces hacían daño y otras veces solo parecían jugar.

Hubo un caso excepcional que fue investigado por el programa Contacto, la verdad es que no lo he encontrado, como tampoco un programa de Chilevisión, que investigaba los casos paranormales. En el programa específico de ChV, pasaron varias semanas antes de que pudieran transmitirlo, por alguna u otra razón, se debía postergar. Teníamos un grupo de Facebook de la población y todos esperando el dichoso programa, listos para comentar, y nada. Al final, lo dieron una noche en la que nadie lo esperaba .

Lo que sí encontré, fue un video de un chico que habla del exorcismo más conocido de la población (aunque me consta que hubo otros y algunos casos de ataques de espíritus que no salieron a la luz pública por vergüenza). 

Les dejo el enlace para que lo vean. Y me crean.

Pronto estaré contándoles más historias de mi infancia, aunque no todas serán de terror, también hubo cosas lindas. 

 

El exorcismo en la Juanita Aguirre

domingo, 2 de agosto de 2026

Lo prometido es deuda

 

Como mencioné en mi post anterior, voy a hablar de ese extraño encuentro con “la muerte”. Yo tenía alrededor de 13 años. Por alguna razón que no me acuerdo, también estaba sola (seguro mis hermanos andaban en otra fiesta). Pero en aquella ocasión, no me dormí en la pieza de las mujeres, me acosté en la pieza de mis hermanos, que tenía ventana y era un poco más amplia.

Me fui a “acostar” temprano, pero solo me senté en la cama con una radio para escuchar música y me puse a escribir.

No pasó nada de tiempo, cuando todo se puso negro. Un negro extraño. Por un momento, pensé que se había cortado la luz. Me iba a levantar cuando vi a un personaje parado a los pies de la cama. Estaba vestido de negro y rojo. No eran harapos, pero era ropa que colgaba.

―Hola ―me dijo con un tono burlón.

A pesar de que yo sabía que no era un ser humano, porque habría sido imposible que entrara sin ser visto, por la forma en la que iba vestido, su estatura y su voz extraña, no me dio miedo.

Me quedé ahí, mirándolo.

―Hola ―volvió a decir.

―Hola. ¿Quién eres?

―La Muerte.

―La muerte ―repetí sin creer―. ¿Qué quieres?

―No me temes.

―Sí.

―Pues yo creo que no.

―Si me quisieras hacer algo, lo habrías hecho.

No dijo nada.

―¿Qué quieres?

―Hablar contigo.

―Yo no quiero hablar.

―No pregunté.

―Entonces habla.

Sinceramente, no sé de dónde salí tan valiente. Por alguna razón, me puse de mal humor, estaba enojada. Después de varias experiencias, todas de noche que no me dejaban dormir y de que nadie me creyera, aunque yo sabía que no era la única que tenía experiencias paranormales en esa casa y en la población, me tenía aburrida.

―Ya no te asustamos.

―Me han asustado mucho.

―Pero ya no.

―No.

―Te puedo llevar conmigo.

―Llévame.

―¿No tienes miedo a morir?

―No. Morir es morir. Morir es fácil.

―Vamos.

De algún modo, aparecimos en el techo de mi casa.

―¿Dónde vamos?

―A pasear. ¿No le temes al infierno?

―¿Cuál infierno?

―¿Crees que te vas a ir al Cielo?

―No sé. Ni siquiera sé si existe eso.

―Existo yo. Y ellos.

De la nada, aparecieron unos bichos extraños, después supe que se llamaban gárgolas, algunas volaban, otras caminaban por los techos. Pasaban por nuestro lado, pero parecía que no nos veían. O si lo hacían, no le llamábamos la atención.

―A lo mejor eres solo una ilusión. Estoy soñando. Esto no puede ser verdad.

―¿Crees que estás soñando? ―Me tomó de la mano saltamos al techo de mi vecina. Un salto largo, de al menos cuatro metros.

―Eso van a decir mis papás mañana ―respondí cuando llegamos al otro techo, con el corazón como un tambor.

―Pero tú sabes que no.

Volamos al otro techo. Y así avanzamos, casi volando por varias casas. Las gárgolas seguían corriendo y volando y, abajo, aparecieron unos enanos, feos y gordos, bueno, se veían feos desde arriba.

Nos detuvimos en el techo de un liceo que había en la esquina de mi casa.

―Mientras no les muestren a ellos, no me van a creer. Van a seguir diciendo que es solo un sueño. Ya ni quiero decir nada, me van a tratar de loca.

―Ellos también han visto.

―No creo.

―No es necesario que creas.

―Pero ellos no me dicen.

―No quieren decirte.

―¿Y por qué yo? ¿Por qué vienes aquí, por qué me siguen molestando?

―No te creas tan especial, no es por ti.

―¿Entonces?

―Es el lugar.

―Ah, bueno, entonces anda a molestar a otro y a mí déjenme dormir.

―Es que solo que tú estás disponible. Sola y con esa oscuridad dentro de ti.

―¿Oscuridad? ¿Soy mala?

―Sigues creyéndote importante.

―Tú me estás diciendo que tengo esa oscuridad dentro de mí. Y sola. Hay mucha gente sola en este pasaje y en esta población.

―La oscuridad no es por ti. Hay una lucha en tu interior. La oscuridad, herencia de tu abuela paterna y la luz, herencia de tus abuelos maternos.

―Ah, ya, claro.

―Solo tú eres la que puedes decidir quién gana.

―¿Ahora sí soy yo?

Asintió con la cabeza antes de subir, desde donde podía ver gran parte de las casas y pasajes, llenos de esas criaturas horroríficas. Un vecino pasó caminando hacia su casa, iba medio borracho, se apretó la chaqueta como si le hubiera dado frío, de repente, una gárgola se le paró delante, no sé si habló con él o qué, pero un par de minutos después desapareció. Él vecino corrió y se apoyó en un árbol frente a mi casa. Parecía que lloraba.

Volando, la muerte me llevó de vuelta al techo de mi casa.

―Si me vas a llevar, llévame ―desafié a pesar del terror, mientras veía al vecino arrodillarse aferrado al árbol, con los enanos a su alrededor haciendo fiesta.

―No vengo a buscarte.

―¿Entonces?

―Quería verte para saber quién va a ganar.

―¿Y?

No puedo estar segura, pero creo que esbozó una sonrisa.

Me abrazó, lo sentí extraño, como si una ráfaga de viento me hubiese atrapado.

Volví a la cama. Con frío. Sentada como antes.

―¿Y? ―repetí la pregunta.

―No sé. Creo que tendré que esperar al día que te vuelva a ver.

―Entonces ándate y déjame dormir. Ya debe ser tarde.

Su risa fue molesta, típica risa malvada.

―Qué dramática tu risa, parece de teleserie.

―Te veo en el futuro.

―¿Qué hay en mi futuro? ―Al parecer no entendí lo que me quiso decir, ahora que lo escribo, me doy cuenta de que me estaba anunciando que nos veríamos de nuevo. Je. Yo creí que me hablaba de esa supuesta guerra interior.

Negó con la cabeza sin decir nada.

Desapareció.

Se fue la negrura.

Estaba amaneciendo.

Otra noche sin dormir.

No le conté a nadie.

Una cosa fue diferente aquel día, muchos vecinos, no solo del pasaje, si no de la población, se quejaron de los ruidos molestos, como si alguien hubiese andado en sus techos, algunos pensaron que andaba algún ladrón, pero era imposible.

El vecino que vi abajo, según me enteré días después, venía borracho, según él, vio un fantasma. Dijo que se le había pasado la borrachera, pero no fue capaz de moverse. Lo habían encontrado abajo del árbol y todos dijeron que había llegado tan tomado que no fue capaz de llegar a su casa, que estaba a dos casas. Nunca más volvió a tomar.

¿Yo sabía la verdad?

Debo decir que esa población sufría de encuentros paranormales, incluso salimos en la televisión por eso, Chilevisión hizo un reportaje hace años, aunque varias semanas no pudieron presentarlo por diferentes “problemas” técnicos.

¿Alguien no quería que saliera a la luz pública?