1790
―¡Estad
atentos! ―grité a mi tripulación, necesitaba a cada uno de mis
hombres en sus puestos―.
En cuanto arribemos a la isla, les demostraré mi poder. No me comportaré como en Queilén, con misericordia,
no. ¡Aquí sabrán quién es José Manuel de Moraleda y Montero! No
volveré a mi tierra vencido ni me apersonaré ante el rey cargando mi derrota,
tampoco vosotros queréis hacerlo, eso significaría la humillación y muerte para
todos. ¿¡Es eso lo que queréis?! ―grité, recibiendo un firme "no"
por respuesta de mis seguidores―.
¡¿Es eso lo que queréis?! ―insistí con mayor volumen, otra vez su
respuesta: "no", retumbó
en mi fragata "El Socorro"―.
Entonces... ¡Vamos a por
ellos!
Mi
postura firme y mi bien ganado orgullo y fortaleza, hizo que mi dotación de
marinos tomaran las fuerzas necesarias para continuar en nuestra misión, la
Ciudad de los Césares debía ser encontrada y los lugareños me debían ayudar. De
otro modo, los obligaría. Y tenía los medios para hacerlo.
Apeamos
en Tenaún con dos misiones muy claras. La primera conseguir esclavos para
llevar a España y a otros tantos para ayudarme en la exploración, en la que
debíamos ubicar la ciudad que tan esquiva nos había sido; y la segunda,
demostrar mi poder. No dejaría que unos indios sin ley se burlaran de mí.
Muchos
de los nativos llegaron a la orilla a observarnos. Y cómo no, si para ellos
nosotros éramos dioses. Y ahora les demostraría mi poderío. Verían, con sus
propios ojos, de lo que era capaz.
Me
posicioné firme en la tierra y hablé a los veliches
(aborígenes
de Chiloé) del sector,
quería que confiaran en mí, mas, al no ser posible, ya que nadie quiso tomar mi
invitación por las buenas, hice algo con lo que estaba seguro, les convencería.
Usando
un hechizo, me convertí en un pez gigante ante sus ojos. La gente aplaudió mi
atrevimiento de mostrar mi magia frente a ellos. Caminé hasta una roca y me
transformé, de nuevo frente a ellos, en un magnífico lobo de mar.
Si
bien era cierto, los indios estaban entusiasmados y complacidos con mi poder,
no había asombro en sus miradas.
Entonces,
me troqué en paloma y volé por sobre sus cabezas. Pero nada sucedió. No lograba
convencer a los indios de acompañarme.
Fue
en ese momento que, irguiéndome, los enfrenté.
―¿Qué no os llama poderosamente la atención las maravillas de mi arte? ―los interrogué preocupado, si mis artimañas no funcionaban, no sabría qué lo haría.
Uno
de los hombres del lugar dio un paso al frente y me miró con sorna.
¿Acaso
estaba en frente de más hechiceros?
―¿También tenéis hechiceros? ―No era capaz de creer en sus palabras
y exigí―: ¡Traedme uno al instante!
―Hay
una bruja que está
de paso por estas tierras ―explicó―. La buscaremos y la traeremos ante vuestra presencia, señor.
―Eso
espero. Aguardaré
en mi barco hasta que vosotros volváis
con esa mujer.
Hice
embarcar a mi tripulación. Seguramente esa hechicera tardaría, si sabía lo que
le convenía, no querría tener un enfrentamiento conmigo.
Pasado
el mediodía apareció una mujer. Una mujer de singular belleza y dulce mirada.
Se detuvo a unos metros de la orilla.
―¿Qué buscas en mi isla? ―me preguntó con soberbia―. Me dicen que queréis llevaros con vosotros a mi gente
como esclavos.
―No
como esclavos, mi señora,
como ayudantes.
―Sí, vosotros sois todos iguales,
mentirosos y arrogantes, engreídos
que creéis que la
tierra es vuestra y la gente también.
―Necesitamos
obra de mano.
―Para
tratarlos como animales. ¡De
aquí no se mueve
un alma con vos!
―¡Eso
lo veremos, vuestra merced!
―Chilpilla
es mi nombre, señor,
y os demostraré que aquí en mi isla nadie viene y va sin mi
consentimiento.
―Bien,
Chipilla, mi señora, os reto
a un duelo de magia, quien venza decidirá
el futuro de estas gentes.
La
mujer sonrió como si ya fuera la triunfadora. Ilusa. No tenía idea de quien era
yo. Yo era más dios que todos sus dioses juntos. Descendí de mi navío y procedí
a acercarme a la hechicera. En el camino me convertí en un oso pardo, al cual
ella no pareció temerle. Al llegar a su lado, no hizo amago alguno de correr,
al contrario, me miró desafiante. Entonces, lancé un rayo que cayó desde el
cielo, sin embargo, ella lo desvió a unas rocas a la orilla del mar.
―Buen
intento, don José
―me dijo con total falta de respeto―, ahora os demostraré quién soy yo.
Chilpilla
principió a romancear una especie de oración, al tiempo que gesticulaba y
contorneaba su cuerpo. Todo esto desde su lugar. Sin moverse un ápice de la
orilla del mar. Las aguas se revolvieron y empezaron a producir una especie de
torbellino en torno a mi goleta, hasta que mi embarcación quedó completamente
en seco. La desazón fue general. Nadie entendía nada. Los hombres murmuraban
intentando comprender lo que ocurría.
―¡Hostias!
¿Y cómo habéis hecho eso? ―No pude evitar consultar a la mujer―. ¿Qué clase de ilusiones son estas?
Me di
la vuelta y avancé por la orilla del mar, gritando a mis hombres que se
calmasen.
―¡Tranquilos!,
¿cómo
va todo por allá?
―Que
estamos en plena lama, Don José
Manuel, ¡varados! ―respondieron
todos a la vez.
―Sácalos de allí ―ordené a la mujer, pero no me hizo caso―. Por favor, volved mi navío al mar.
Observé
a Chilpilla que permanecía rígida como una estatua, como si sostuviera la
respiración. Lentamente, fue exhalando a medida que su pecho subía y bajaba y
su cabeza se erguía. Las aguas se fueron soltando y mi barquilla de alférez de
fragata de la Real Armada Española, comenzó a reflotar. Suspiré alivianado. Si
hubiese perdido aquella flota, habría sido hombre muerto.
Cuando
terminó de flotar y mis hombres estuvieron a salvo, no había más nada qué
decir.
―Pues
que vos os habéis hecho
merecedora de todo mi respeto y crédito
―acepté haciendo una reverencia―. Y en consideración
a lo que mis ojos han visto y mi corazón se ha maravillado, quiero dejaros
una joya para que vuestra merced lo administre y le deis el mejor uso posible.
Esperadme un instante.
Subí
a una piragua en dirección a mi lanchón. Tomé mi Levistorio (libro de magia) y lo llevé con la mujer. Ella me miró
con desconfianza al yo extender el libro hacia ella.
―En
este libro, se anotan todos los secretos de este arte misterioso que es la
brujería. Usadlo con juicio y avanzaréis en el dominio de los misterios de la
naturaleza y del ser humano ―le
señalé para que confiara en mí.
Ella
miró el libro y luego a mí.
―¿Por
qué yo?
―Seguro
estoy de que vos podréis
hacer un buen uso de lo que hay escrito en su interior. Vuestra alma es pura y
cristalina. Mi corazón
lo ha percibido y mis artes mágicas
me lo han confirmado. Con vos, este libro estará seguro. Si cae en las manos
equivocadas... No os quiero contar lo que podría suceder.
―Don
José Manuel de
Moraleda, es usted un hombre sincero; creí,
al llegar aquí, que usted
sería un ser sin
corazón ni moral,
pero veo que me he equivocado. Puede usted irse en paz.
―Espero
algún día volver a encontraros, mi señora. ―Le hice una nueva reverencia, tomé su mano y la besé en un acto de total respeto, que era
lo que ella inspiraba en mí.
―Yo
espero que sea en otras circunstancias.
―Lo
serán, mi dama,
eso os lo puedo asegurar.
―Mejores
que esta.
―Por
un tiempo mejor para los dos ―me
reverencié ante ella.
Sonreí
y salí de allí rumbo a mi fragata, esperando no volver por esos lugares, aunque
la imagen de Chilpilla jamás la podría borrar de mi memoria.
Y así
fue. Hasta el día de hoy.
La historia de Chilpilla
Chilpilla
abrazó el libro como una niña pequeña abraza a su primera muñeca. Luego de
mucho rato, lo tomó en sus manos y lo abrió. Solo había un problema. Ella no
sabía leer.
Los
lugareños se acercaron y la felicitaron por su reciente actuación. Chilpilla
solo se limitó a sonreír.
Acompañada
de su fiel amiga, Isolina, se dirigió a Quicaví, cruzando bosques y montañas,
hasta una cueva muy especial, a donde muy pocos tenían acceso. Seguidas por el
fiel sirviente de Chilpilla, Mateo, un niño de diez años, entran a la cueva.
―Reúnelos a todos ―ordenó al niño con cariño―, cualquier brujo que quiera unirse a
mí, será
bienvenido, siempre y cuando cumpla con un solo requisito, un juramento de lealtad y silencio.
Nadie debe saber que existe esta cueva. Nadie más en esta isla debe saber lo que haré.
―Sí, mi señora ―contestó con respeto el jovencito.
―Y
Mateo, no me falléis.
El
niño la miró fijo un momento.
―No,
mi señora, jamás le fallaré.
Diciendo
aquello, echó a correr montaña abajo a buscar a los brujos del lugar. Su señora
era lo más importante para él y no iba a fracasar en su encomienda.
Chilpilla
miró el libro. Era de cuero café, con hojas amarillas, la mujer recorrió con
sus dedos una de sus páginas. Lo que había allí era un gran secreto todavía
para ella. Pero ya sabría su significado.
Salió
de la cueva y se paró fuera de ella. La miró. El lugar era uno de los más recónditos
de la isla, si es que no la más escondida; detrás de un traiguén (cascada), oculta por la maleza y perdida entre
los cerros, no era un lugar de fácil acceso. Esta fue la cueva donde ella nació
como bruja. Donde el mismo Diablo la hizo su discípula y le enseñó todo lo que
ella sabía.
Recordó
aquellos momentos como si hubiesen ocurrido recién. Y habían pasado ya más de
cien años.
*******
Hija
de madre nativa y padre español, nació siendo la hija de la empleada. Ella, una
mujer que no le gustaban las órdenes de nadie, no se dejó jamás doblegar, por
nadie. Su padre la amaba, de eso no había duda, siempre decía que ella era
especial, distinta a sus otros hijos, aunque nunca le explicó por qué, tampoco
la trató igual que a sus hermanos, ella gozaba de privilegios que los demás no
tenían. Pero todo eso ya no importó cuando su padre murió.
Al
llegar a la adolescencia su rebeldía se acrecentó. Y con ella una nueva
oportunidad. Un día de agosto de 1675, al adentrarse en los bosques, se
encontró con quien dijo ser el mismísimo demonio, el que le ofreció un favor a
cambio de sus servicios. Chilpilla, con toda su juventud a cuestas y su
inexperiencia, aceptó sin dudar el trato, a cambio de convertirse en la bruja
inmortal más poderosa.
Aquella
noche desapareció de su casa. Su familia nunca más supo de ella y, por más que su
tío paterno gastó fortunas en buscarla, o al menos encontrar su cuerpo, jamás
dieron con la niña.
El
ritual para convertirse en bruja, no era nada fácil. Pero ella haría lo que
fuera para conseguir el poder y la vida eterna.
―¿Estás
preparada para cualquier cosa? ―le
preguntó el demonio
una vez más.
―Sí ―afirmó con decisión.
―Sabes
que en el transcurso de esto puedes morir.
―Sí.
―¿Estás segura de querer hacerlo?
―Sí.
―¿Entiendes
que para ser una de mis hechiceras y lograr la inmortalidad tus sentimientos
deben morir o, al menos, esconderse muy en el fondo de tu alma, alma que me
pertenecerá por los siglos de los siglos?
―Lo
entiendo.
En
realidad, hasta ese momento, Chilpilla no entendía a cabalidad todo lo que
implicaría convertirse en la bruja más poderosa de la zona; de todas formas, continuó.
Ella no echaba pie atrás ante nada y no lo haría ahora.
―Verás morir a tu madre.
Chilpilla
tomó aire y elevó el mentón.
―De
todos modos morirá.
El
demonio sonrió con satisfacción. Esa mujer, con su enorme energía tomada de los
dos lados del mundo, era perfecta para controlar la isla entera y subyugarla
para él.
―Entonces,
vamos.
El Diablo
se convirtió en un hombre casi repugnante y acercó su cara a la de ella. La
joven no se movió de su lugar ni apartó la vista.
―Muchas
han huido horrorizadas.
―No
yo.
―Eres
muy valiente. O muy tonta.
―Tonta
no soy ni lo he sido jamás.
El
hombre caminó alrededor de ella escaneándola de pies a cabeza en todo su
contorno. Cuando volvió al frente de ella, era otro. Un joven apuesto y
atrayente. Aunque, dicho sea de paso y con sinceridad, el anterior hombre, a
pesar de su fealdad, también tenía un imán que atraía.
―Vamos,
Chilpilla, que alguien debe morir, no hagamos esperar a la muerte que ya está a
las puertas, esperando para ganar un alma.
―¿Dónde irá ella?
―¿Te
importa?
―No,
la verdad no, me interesa saber a dónde
van todas las almas que han muerto, eso sí
me da curiosidad.
―El
infierno y el cielo no existen, si es que eso te preocupa, existe un lugar, sí, un lugar de tormento, hasta que todo
queda saldado en la tierra y luego se van...
―¿A
dónde? ―preguntó interesada.
―A
donde tú nunca llegarás.
La
tomó del brazo sin delicadeza y emprendió el vuelo hacia el lugar de residencia
de los Bahamonde, el padre de la mujer. Ella se intentaba afirmar de él, pero
no era capaz.
―No
temas, no te dejaré
caer.
―Me
duele.
―Y
esto es solo el principio ―se
burló él.
Ella
se quedó quieta. Él con un rápido movimiento la apegó a su pecho y Chilpilla se
abrazó a su cuello.
―Vamos
a ver qué tan
dispuesta estás a servirme
como lo deseo.
―Estoy
dispuesta.
―¿A
cualquier cosa?
―A
cualquier cosa ―confirmó―. Por la vida eterna y el poder.
―Eres
ambiciosa.
―Sí, ¿algún problema con eso?
―También insolente.
―No
le he faltado el respeto.
―Me
gustas. Serás una gran machi kalku (bruja
mala).
―Eso
espero.
―Con
mi ayuda, claro que sí.
Todo el mundo se doblegará
a tus pies.
―Eso
lo espero más ―respondió sonriendo.
Bajaron
a las afueras del campo de los Bahamonde justo al momento en que la madre de
Chilpilla salía con unas ropas para llevarlas al río.
―¿Preparada?
―Claro
que sí.
Aunque
Chilpilla tenía un nudo en la garganta, no le importaba, su madre nunca la
quiso, para ella solo era una guacha más del patrón y odiaba que su padre
tuviera preferencia por ella.
Un
resbalón en la tierra húmeda, hizo caer a la mujer que bajaba la quebrada. Cayó
al fondo del precipicio, a un lado del estero del bajo. Aún respiraba cuando se
acercaron el demonio y Chilpilla.
―No
ha muerto ―comentó la joven.
―No.
Ahora es tu trabajo.
―¿Qué quiere decir?
―Tienes
que terminar de rematarla.
―¿Yo?
―¿No
que estabas dispuesta a todo?
―Sí. No es ese mi problema. No sé cómo hacerlo. ―Al decir esto, se giró para mirar a su
acompañante a la cara. Craso error, pudo ver en sus ojos, las intenciones que
tenía.
―No
importa. ―Le
dedicó una sonrisa
deslumbrante y maquiavélica
a la vez.
De
algún lugar que Chilpilla no alcanza a captar, sale un enorme palo que le
entrega a la joven.
―Un
solo golpe basta.
―No
soy asesina.
―Entonces
no sirves y la muerte de tu madre será
en vano.
El
hombre, sin insistir, se dio la media vuelta y desapareció de la vista de
Chilpilla.
―¡Lo
haré! Está bien, lo haré.
No
hubo respuesta. Nada. La muchacha no sabía qué hacer. Miró el palo que tenía en
las manos y, conteniendo la respiración, dio un certero golpe a su progenitora.
―Bene
factum, inquit puellam ―escuchó la voz del hombre a sus espaldas.
La
joven giró y lo miró confundida.
―Bien
hecho, jovencita ―aclaró con solemnidad.
―¿Ahora
sí estoy
preparada?
―No
te importó asesinar a
tu misma madre, supongo que sí
estás lista para
ser hija de...
―Detén esto. ―Otro hombre, de rostro amable y ojos
penetrantes se acercó
a la pareja.
―¿Qué haces aquí?
―Vengo
a ver lo que tú estás haciendo... Y diciendo.
―No
he hecho más de lo que tú me has pedido, amo.
―¿Seguro?
―preguntó
el hombre sin posar en ninguno su mirada.
―Así es, señor.
Chilpilla
se descolocó, no sabía que el Diablo debía dar explicaciones de sus actos a
alguien más.
―Porque
él no es Satanás. Yo soy el mismísimo Diablo y envíe a buscarte. No a asesinar. ―El hombre la miró con ojos de fuego que sintió traspasar a todo su ser con dolor.
Chilpilla
se quedó de piedra. No sabía qué replicar. No era su culpa y lo sabía. Fue
engañada.
―Sí, lo fuiste ―contestó el recién llegado a sus pensamientos―, pero te costó nada hacerlo.
Chilpilla
no dijo nada e intentó no pensar.
―Necesito
gente a mi favor, necesito brujos y hechiceros poderosos para que me sirvan ―expresó con firmeza―, pero no necesito sicarios, que para
eso, bastante bien lo hace mi rival. ―Sonríe como si lo último hubiese sido un gran chiste―. Lo que necesito es gente valiente
que no tema enfrentarse a sus contrincantes, que no tema luchar por lo que cree
y que sea capaz de hacer lo que hay que hacer con decisión.
―¿A
cambio de qué?
―¿Qué te prometió mi enviado?
―La
vida eterna y el poder.
El
líder se echó a reír con burla.
―Pides
bastante, muchacha.
―Si
no se puede... ―Ella
se encoge de hombros y hace amago de retirarse.
―Claro
que puedo darte eso y más.
Pero tú debes saber
lo que te espera y lo que debes estar dispuesta a hacer. Y por qué te daría a ti, lo que no le doy a otros.
¿Estás dispuesta a hacer todo con tal de obtener aquello que anhelas? ¿Aunque
sea mucho peor?
―Acabo
de matar a mi madre, ¿qué puede ser peor?
―Saber
que la mataste por el motivo equivocado.
Chilpilla,
que iba comprendiendo cómo funcionaba aquello, ladeo la cara e intentó no
parecer sorprendida.
―¿Y
por qué debía matarla?
―Porque
ella estaba en oposición
a mí. Fue muy
religiosa.
―Pero
era mala. La iglesia poco y nada le servía.
Además, vivía con las machis de aquí, ayudando a la gente, a los enfermos
y todas esas cosas. Era machi (hechicera)
de cuna antigua.
―Lo
sé, pero ella
estaba en mi contra, fue una gran hechicera y se volvió mi enemiga. Y debes estar dispuesta a
luchar contra quien sea que se oponga a mí
y mis leales amigos, entre los que te puedes contar.
Chilpilla
le regala una exquisita sonrisa.
―¿Qué tengo que hacer?
―Es
simple ―le
dijo al tiempo que la tomó
del codo y caminó
con ella bosque adentro―,
lo primero que haré
será prepararte.
Debes dejar de sentir miedo, dolor y amor. Y para ello, te voy a adiestrar, te
vas a enfrentar a los más terribles sucesos que puedas imaginar; si eres capaz
de sobrepasarlos y superarlos, entonces, estarás lista para ser mi bruja.
¿Dispuesta?
―¿Voy
a obtener lo que quiero?
―Nadie
más que yo, en
persona, podrá destruirte ―aseguró con voz firme.
―¿Y
el poder?
―Eso
dependerá de ti.
Se
giró y la miró directo a los ojos, volviendo a traspasarla con su mirada,
provocando dolor en todas sus terminaciones nerviosas. Él sonrió, lo sabe, pero
ella se mantuvo quieta, sin una sola mueca. Le ganaría a ese dolor y, cuando lo
hiciera, sería más fuerte.
―Tienes
razón.
El
hombre siguió caminando sin soltar a la futura hechicera. Podía leer su mente
tan claramente que a ratos no sabía si había contestado a sus palabras o a su
mente.
Llegaron a lo profundo del bosque, internados lejos de
todo.
―Está
anocheciendo ―comentó la muchacha.
―Perfecto
―respondió él.
El
otro hombre, el primero que habló a Chilpilla, los seguía muy de cerca.
―¿Qué tengo que hacer? ―interrogó ella curiosa.
―Pasarás esta noche y las siguientes 12
noches aquí. Enfrentarás tus peores miedos; tus peores
pesadillas se harán realidad. La siguiente luna llena vendré a por ti y, si
estás más fuerte, te llevaré conmigo a terminar tu entrenamiento. De otro modo,
si no has sido capaz de sobrepasar esto...
―¿Qué me pasará? ―preguntó atemorizada.
―Serás mi presa de por vida, jamás morirás, te lo prometí, y tu castigo será eterno.
Chilpilla
toma aire y accede a realizar los rituales y las cosas que él ordene.
―Te
daré un poco de
mi fuerza, tu juventud puede jugar en contra, y no quiero perder a alguien con
sangre tan valiosa como tú.

―Agradece
este gesto mío, de otro
modo, no serás capaz.
En el
aire se desapareció tras una niebla oscura que luego de esfumarse, dejó no solo
vacío, sino en completo silencio, todo el lugar.
*******
―Chilpilla...
¡Te estoy hablando! ―exclamó Isolina, sacándola de sus pensamientos.
―¿Qué pasa, Isolina? ―respondió la bruja, molesta por tener
que salir de sus recuerdos.
La
noche estaba cayendo y los recuerdos cada vez se agolpaban con más fuerzas.
―¿Qué te pasa? Te estaba preguntando qué es
lo que pretendes trayendo a los brujos a este lugar. Siempre ha sido solo tuyo,
amiga, y ahora lo compartirás con los demás.
―Esto
estaba previsto, se vienen cosas, Isolina, hechos nada agradables.
―¿Qué cosas, Chilpilla?
―Cosas...
Cosas que nadie espera. Y los brujos deberemos estar más unidos que nunca. De
otro modo, todos pereceremos. Y ahora déjame. Necesito pensar.
Chilpilla
caminó unos pasos y se sentó bajo la luz de la luna a seguir recordando...
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Pero que buen comienzo! con leyendas chilenas dando el pie inicial, como la mención a la Ciudad de los Césares y la leyenda chilota del encuentro de Moraleda y Chilpilla (que se presume que fue verídica, ya que, el juicio a los brujos que más adelante abordarás en la novela, si lo fue), mezclado con aderezo de tu propia y prolífica cosecha.
ResponderEliminarEstá genial este primer capítulo y dan unas ganas compulsivas de seguir leyendo más y más, para ver como se irán desarrollando los acontecimientos.
La Chilpilla , más mala que el mismísimo diablo, fue capaz de dar muerte a su propia madre; sin embargo, Moraleda vio en ella un atisbo de mirada dulce, eso quiere decir que algo de bondad, piedad o humanidad podrían quedar escondidos en la mujer… pero eso sólo lo sabré cuando el libro completo haya de leer…jeje!
Besitos!
Byeee!!!
Me alegra que te haya gustado :) <3 En realidad esta parte es casi toda verdad, consta en los registros del Juicio a los Brujo... Es la antesala de todo lo que ocurre después... Gracias por leer y comentar <3 <3
EliminarHola guapa !!! Me gustado mucho y la puedo comprar en amazon. Felicidades
ResponderEliminarMuchas gracias, me alegra que te haya gustado <3 <3
EliminarHola! Vengo de la campaña "Un club más unido" del Club de las escritoras. Te sigo. y te dejo el enlace a mi blog: http://auxilili.blogspot.com.es/
ResponderEliminarUn saludo!! :)
Ya te sigo, gracias por pasarte por mi blog <3
EliminarHola!
ResponderEliminarNo soy muy fan de las novelas románticas, pero me interesa el tema de los brujos de nuestra tierra, por eso lo compré. Acabo de terminarlo y la verdad es que me gustó mucho. Tiene buen ritmo, la trama es envolvente y está bastante bien escrita. Tiene varias pifias: puntuación, cambios de nombre (Paulina Duarte en vez de Paulina Salazar) y la aparición de personajes de la nada (la amiga española de Paulina aparece como si ya la conociéramos), pero aún así creo que es una historia muy bien lograda.
Lo que sí no me gustó para nada (sorry, lo tengo que decir) fue que terminaras con una canción de Chayanne o tal vez era la versión de Mocedades, no sé, pero lo encontré demasiado cursi. La historia iba tan bien y ese “detalle” me descompuso. Me gusta la canción, pero incluirla pareció más bien un capricho del autor, creo que sobraba.
De todas formas, te felicito. Hace tiempo que buscaba alguna novela de brujos chilotes y me sorprendiste gratamente.
Un abrazo! :)
Hola, me alegro que a pesar de todo te gustara...
EliminarLa canción de Chayanne sí fue un capricho mío, me gusta el vídeo de la canción, aunque él no me gusta mucho... y respecto al cambio de apellido, lo revisé y me equivoqué en una oportunidad (poco, porque suelo cambiar los nombres jejeje, no tengo editor) y lo corregiré, gracias por la mención.
Saludos <3